Toda ordenación o clasificación implica inevitablemente un intento de captar la completa estructura y la jerarquía de un sistema. Tratar de imaginar cuál sería la clasificación de las artes en una época u otra, en una cultura u otra, nos da enseguida una imagen bastante clara de la sociedad que las crea. Por ejemplo, para la Atenas clásica, el teatro se situaba en la cima de los eventos culturales, se encarga de transmitir los principales valores -relacionados con la mitologia- de la sociedad de la época y el resto de las artes se supeditan de forma directa o indirecta al teatro. Esta centralidad del teatro desgraciadamente no vuelve a darse nunca más en la historia.