El astronauta Aki Hoshide de la Agencia de Exploración Aeroespacial japonesa durante una sesión de actividad extravehicular (EVA) en la Estación Espacial Internacional.
To be completely involved (o el arte de la concentración)
LOS PROCESOS CREATIVOS 3 
Por Àngels Bassas

¿Cuántas veces os pasa que estáis leyendo un libro y os distraéis con el móvil? Esa maldita pantalla que es una especie de incitación permanente que nos llama. Que nos aliena, nos absorbe y acapara toda nuestra atención. Cada vez hay más gente que me dice que le cuesta leer un rato seguido. Leer un libro tiene que ver con la capacidad de introspección. E ir al teatro nos reconecta con nosotros mismos, con nuestras emociones. Dos cosas que no podemos perder o estaremos, valga la redundancia... perdidos.

Nos pasamos el día yendo rápido, corriendo, acelerados y permanentemente "conectados", mientras desconectamos de nosotros mismos. Caminamos por la calle y ya no vemos qué nos rodea, ni miramos a los ojos de quien pasa a nuestro lado, y hacemos trayectos en autobús sin saber por dónde hemos pasado, simplemente abducidos por las pantallas. Tecleamos los minutos de nuestra vida y ya no nos detenemos casi ni a pensar. No es casualidad que se haya puesto de moda el mindfulness, la meditación y los retiros. La gente cada vez lo necesita más para superar el estrés a que estamos sometidos. La tecnología, aunque ha supuesto un gran avance en muchísimas cosas, también es una especie de esclavitud encubierta que nos liga y succiona. La rapidez de todo. Y esto es extensible a las relaciones humanas que cada vez son más efímeras y poco consistentes porque no perduran en el tiempo; la sociedad líquida de la que habla Bauman. Queremos más y más... y siempre hay una cosa mejor que otra. La caricia virtual acristalada de las relaciones que nos hace pasar página, con el peligro de perder algo valioso que dejamos para intentar encontrar lo "mejor" que anhelamos... Aquel mejor que nunca tiene fin y que corre el peligro de ser nuestra máxima infelicidad. 

Lo cierto es que cada vez se nos hace más difícil concentrarnos en algo. 

Y esto tiene un efecto directo en el mundo del arte. 

El monstruo de las imágenes que han de captar la atención rápidamente porque, si no, la gente deja de mirar o cambia de canal. Cuando miramos una película de aquellas en blanco y negro, donde lo importante era el guión y los actores, y donde el ritmo de la acción era mucho más lento que ahora, la sensación es totalmente diferente a la que tuvimos hace unos años en verlas por primera vez. Ahora la industria y la sociedad requieren acción y más acción. Se nos hace extraño el tempo pausado. 

Nos han arrebatado el tempo, señores míos. Y el tempo, la concentración, y la conexión con las otras personas y con el entorno, son elementos esenciales para un actor. 

Detecto en la nueva generación de actores mucho empuje pero, a menudo, poco compromiso con el trabajo autónomo, y déficit de atención porque la concentración decae rápido. Y la habilidad de concentrarnos... es absolutamente esencial para un actor o actriz. La necesitamos para aguantar una función de dos horas o para un rodaje: para ser capaces de olvidarnos del mundo entero mientras somos el personaje. 

Para mejorar nuestra capacidad de concentración, yo introduzco en mis clases, ejercicios que tienen que ver con disciplinas como el yoga, el chi kung, el tai chi, o la meditación. Stanislavsky ya utilizaba el yoga. Nuestro instrumento debe estar receptivo, relajado, abierto y concentrado al servicio de la obra, del personaje y de la felicidad que aportamos al espectador con nuestro trabajo. No puede existir nada más mientras estamos totalmente inmersos en la actuación. No hay distracciones posibles en el mundo del arte. Una distracción puede ser fatal: podemos tener un blanco de texto, podemos trabarnos, equivocarnos, ponernos nerviosos y finalmente, no transmitir correctamente las emociones, porque nos hemos perdido. Me sale en inglés la expresión que lo clarifica: es necesario to be focused, to be completely involved

Doy clases, tanto a estudiantes adolescentes en etapa escolar, como a jóvenes en etapa universitaria que estudian para ser actores y actrices. 

Los primeros tienen (algunos, no todos, afortunadamente) problemas de concentración en clase y se les hace difícil prestar atención. Es el mal de estos tiempos. Si incluso a nosotros ahora nos cuesta más concentrarnos que antes, imaginaos ellos que son la generación que ya ha nacido con las pantallas, la rapidez y el estímulo permanente que nos acosa. Con excepciones, evidentemente, pero la mayoría apenas lee por placer. Me enorgullezco de haber cambiado la perspectiva de algunos de mis estudiantes cuando les llevo un libro "diferente" que los sorprende y les demuestra que leer puede ser una actividad tan absorbente y fascinante como una pantalla, si el libro es lo suficientemente bueno. 

Los segundos, los universitarios, quieren trabajar, ponen voluntad... tienen muchos sueños y muchas ganas. Pero yo siempre les digo: con el talento no es suficiente, queridos y queridas. Hay que trabajar, trabajar incansablemente con una implicación total en este oficio si deseáis sobrevivir a la competencia y sobre todo, si deseáis manteneros a lo largo de los años. Sin preparación, sin oficio, sin disciplina, sin trabajo constante e investigación durante toda la vida, no hay talento que aguante el embates de las modas pasajeras. 

Sed constantes, queridos alumnos y alumnas. La perseverancia y la capacidad de trabajo constante son un bien preciado que nos sostiene al navegar en el barco de la inestabilidad a la que estamos sometidos en este oficio. 

Y cuando entréis en escena, como siempre os digo: imaginaos que hay entre cajas una percha imaginaria, donde podáis dejar vuestros problemas. 

Porque al entrar en escena... no debe existir nada más que aquella magia. 

Una magia que merecéis tanto vosotros como los espectadores. 

ÁNGELES BASSAS
Marzo de 2020                                                                                   R

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